Como Directora de 'Italianos en América' y en absoluta coincidencia con los colegas españoles de 'El Diario Montañés' , ofrezco a mis lectores una crónica con interpretación de la jornada de ayer, en el Senado italiano. Habría tanto más para decir , debatir , etc. Mucho ya lo hemos dicho en diversas editoriales, analizando los distintos tropiezos de inestabilidad que enfrentó el gobierno italiano, casi apenas asumido, en abril del 2006. La centro-derecha apeló siempre a un adelanto de elecciones y a una salida anticipada del poder de parte del gobierno que lideró Romano Prodi. Finalmente lo consiguió, aunque queda en manos del Presidente de la República, Giorgio Napolitano, decidir el llamado anticipado a comicios o la formación de un gobierno técnico de transición.
Pero , focalizando en el debate parlamentario que desencadenó la renuncia, me parece que esta síntesis cántabra , de mirada aguda , es un análisis rico y comprometido con el espectáculo político que los legisladores italianos nos ofrecieron ayer. Incluidos están los nuestros, cuyo voto ('ausente' en el caso específico de Pallaro) también ofrece una lectura, que en esta ocasión , la dejo al libre albedrío de las conciencias ítalo-argentinas. El dilema : sostener o no un gobierno constitucional, elegido por el voto popular.
Lamentamos la falta de apoyo parlamentario y la renuncia de Prodi, porque en definitiva, y más allá de la óptica ideológica que se puede o no compartir con su gobierno, es una lesión más a la castigada democracia italiana, que no logra sostener períodos completos de gobernabilidad.
Una pelea que a mi juicio es , a las claras, por la propiedad del poder , y no por el bienestar del pueblo italiano. Ni qué hablar de nosotros, los italianos en el exterior, que hemos recibido tan poco...
Ah me olvidaba!!. El voto sí. El voto!. No es poco claro está.. Pero tampoco debería ser casi lo único.
Volviendo al corazón de Roma, en estos días se habló de la traición de Mastella a Prodi y otras puñaladas interpartidarias. Con todo, creo que la peor traición en un sistema democrático, es la que se hace al voto popular, cuando se 'brinda' por la caída de un gobierno que millones de italianos eligieron , provoncando una inestabilidad que sitúa a Italia en el concierto de las naciones desarrolladas más imprevisibles a nivel político.
Silvia Garnero /Italianos en América
Una tarde de circo
Insultos y el desmayo de uno de los senadores que provocaron la caída de Prodi protagonizaron el debate en el Senado italiano
Una de las cosas más divertidas que se puede hacer en Roma ahora mismo es ir al Parlamento. Ayer tocaba el Senado, con suspense hasta el final, y no defraudó. En la prensa, en la calle, la situación es tensa, agónica. De puertas adentro, en los mullidos salones del Senado, en el bar, el ambiente es lúdico y nervioso. Como en el circo. La jornada empezó con un tipo que, para protestar, se tiró ante el coche oficial de Prodi. Poco antes, el primer ministro atendía a la prensa egipcia. El lunes, la fuga de Mastella le pilló con el presidente de Timor Este. Para volverse loco. Con los votos tan ajustados, llegaban al Senado, contra viento y marea, el inefable Mastella, «en precarias condiciones», con fiebre y un médico. El senador de Forza Italia, Guido Possa, operado de la rodilla, en silla de ruedas. Los senadores vitalicios, que no bajan de los 80 años, apoyándose en bastones o allegados. La premio Nobel Rita Levi Montalcini, por ejemplo, tiene 98. Nadie podía faltar. Pero también eso era un problema: en el banco del Gobierno no cabían los ministros. Es el Ejecutivo más grande de la historia italiana, y por tanto mundial. Había que dar una cartera a los 12 partidos de la alianza y salieron 26 ministros.
Vértigo espacial y temporal, pues hay políticos que llevan allí décadas, como Andreotti, que leía un libro, ausente como un abuelito. En cambio, los elegidos por primera vez veían alejarse el chollo de la pensión vitalicia, que requiere al menos 2,5 años de legislatura. Éste era, sin bromas, un gran factor de estabilidad para Prodi. Algunos diarios publicaban ayer sus fotos, para fichar a posibles traidores de la derecha.
Al final hubo uno, pero en el Udeur de Mastella, que deja tirado a Prodi. Cusumano, subiéndole la adrenalina, haciéndose un lío con el discurso, soltó que le apoyaba. Lista de insultos en 'crescendo': «pedazo de mierda, payaso, maricón, vendido, retrete, puta». Primer premio para el ex fascista Nino Strano, que, con inquietantes gafas de sol, le imprecó: «¿Mariquita miserable!». «¿Senador Strano!», le llamó al orden el presidente. Cusumano se tapó la cara para llorar. Al final optó por desmayarse, pareció una óptima interpretación. En 1994 hizo lo mismo, pero por Berlusconi. Mastella anunció su fuga con melodrama, citando a Neruda: «Lentamente muere...». Todos unos comediantes. Siete de cada diez italianos no confían en los políticos. (Gentileza de El Diario Montañés -España )