El ministro del Interior de Italia, Roberto Maroni, dijo que seguirá adelante con los polémicos planes del gobierno de Silvio Berlusconi de cerrar una mezquita de Milán que en el pasado fue vinculada a extremistas islámicos.
Cada viernes, cerca de 4000 musulmanes se reúnen en el templo, ubicado en el norte de la ciudad, muchas veces excediendo su capacidad para terminar orando en la acera.
Durante años los residentes de la zona han elevado sus protestas por la situación y ahora Maroni -que pertenece al partido de extrema derecha Liga Norte- decidió actuar.
Pero eso lo ha llevado a enfrentarse a un obispo local, quien lo acusó de comportarse como un fascista.
El corresponsal de la BBC en Italia, Christian Fraser, apunta que originalmente la mezquita era un garaje, añadiendo que ciertamente desde su inauguración en 1988 como un centro cultural islámico ha ido creciendo hasta obligar a sus asistentes a salir a la calle.
El periodista destaca que, como alternativa a la cuestionada mezquita, se le ofreció a la comunidad musulmán local el uso de un recinto deportivo donde tocaron una vez los Beatles.
El concejo dijo que sólo estaría a la disposición cuatro veces a la semana y que cada asistente tendrá que pagar para entrar.
Ante esa posibilidad, el director del Centro Islámico, Abdel Hamid Shaari, se manifestó dispuesto a pagar el alquiler pero subrayó que "no seremos tratados como nómadas".
"Somos milaneses y no aceptaremos la solución que se nos ofrece", dijo.
Ministro controversial
El ministro Maroni, quien pertenece a la Liga del Norte, agrupación que ha mantenido un discurso contrario a la inmigración, aseguró que no dará marcha atrás en su decisión de cerrar la mezquita y advirtió que toda persona que sea encontrada rezando sobre el pavimento recibirá una multa.
Un obispo de Milán, Monseñor Gianfranco Bottoni, dijo que impedir que la gente rece equivale a fascismo.
No es la primera vez que el ministro Maroni enfrenta ese tipo de críticas. Recientemente ordenó que se le tomaran las huellas dactilares a toda la comunidad gitana de Roma, entre quienes se incluyen 80.000 niños. (BBC Mundo)