Miles de trabajadores nacidos en el extranjero marcharon el lunes en Italia y soltaron globos amarillos al cielo en la primera "huelga inmigrante" del país, que se desarrolló para remarcar la importancia de los mismos en la economía y protestar por ciertas medidas del Gobierno.
La inmigración es un tema muy delicado en Italia, que teme que un aumento de los llegados desde Africa y Europa del Este eleve las tasas de criminalidad y cambie irremediablemente la cara de su sociedad.
Una redada contra los inmigrantes ilegales fue muy bien recibida por los votantes y el primer ministro Silvio Berlusconi, quien acusa a la izquierda de querer una "invasión de extranjeros", ha señalado abiertamente que está en contra de la visión de una Italia multicultural.
Berlusconi, que enfrenta un escándalo de corrupción que involucra a aliados, ha intentado poner el foco en el tema inmigratorio para ganar votos de cara a las elecciones regionales de este mes.
"Vine a manifestarme contra el racismo institucional que existe en Italia y la discriminación en contra de nosotros, los inmigrantes. Es tiempo de decir basta", dijo la peruana Edda Pando en Milán.
"Este país debe entender que somos indispensables, que damos valor", destacó.