Desde que su mujer, Verónica Lario, denunciara sus andanzas sexuales con prostitutas y jovencitas, el premier italiano Silvio Berlusconi ha utilizado diferentes variantes de defensa para salir airoso en sus batallas políticas.
Uno de los movimientos lo propinó su ministro de Administraciones Públicas, Renato Brunetta, quien aseguró al periódico Il Giornale, propiedad de la familia Berlusconi, que la elite financiera de Italia trabaja asociada a elementos de la oposición de izquierda para derrocar el gobierno del primer ministro.
Tales aseveraciones fueron formuladas a raíz de que la Corte Constitucional derogara una controvertida ley que le otorgaba inmunidad judicial a Berlusconi, quien además recibió el rechazo de la oposición y los magistrados ante el intento, todavía latente, de modificar el sistema de impartir justicia en Italia.
Los reiterados escándalos protagonizados por el jefe de gobierno en tan poco tiempo, y la falta de respuestas rápidas a calamidades sociales como el terremoto de LÂ�Aquila, condujeron a que "su romance con los italianos se desinflara", como comentó Giulio Anselmi, presidente de la agencia de noticias Ansa.
Muestra de esa impopularidad fue la multitudinaria manifestación protagonizada por la sociedad civil italiana, pidiendo la dimisión de Berlusconi por gobernar al país como si fuera una "dictadura".
"Él debe renunciar y enfrentarse, al igual que todos los ciudadanos, a los tribunales de la República por las denuncias formuladas", exigieron los manifestantes, quienes calificaron al mandatario de "hombre sin escrúpulos sobre el que pesan imputaciones de estar ligado a la mafia".
La manifestación, calificada por muchos observadores como un hecho insólito, tuvo lugar un día después de que el mafioso Gaspare Spatuzza afirmara ante el Tribunal de Turín, que entre Berlusconi y la organización criminal siciliana Cosa Nostra hubo relaciones a principios de los años 90.
El mitin, que movilizó a unas 350 mil personas a través de las redes sociales de Internet, también trascendió en otras 45 capitales del mundo, donde emigrantes italianos denunciaron la "hostilidad del premier a toda forma de libre expresión".
Este acontecimiento y la posterior agresión sufrida por Berlusconi en un mitin político sirvieron para que el ministro italiano del Interior, Roberto Maroni, anunciara el estudio de nuevas normas para reforzar la seguridad en Internet y en las manifestaciones públicas.
Maroni, quien hizo las declaraciones al término de una comparecencia en la Cámara de Diputados, no adelantó en qué consisten las medidas, pero reconoció que las mismas están asociadas a temas sensibles como la libertad de expresión en la web y de manifestación.
Durante su intervención, el titular del Interior adelantó que el gobierno italiano trabaja en la elaboración de una legislación que combatirá, de una manera más eficaz, la ocurrencia e instigación de actos violentos durante las movilizaciones públicas o a través de medios digitales.
Las propuestas forman parte de las reflexiones y del tenso ambiente político que generaron las declaraciones de algunos miembros de la oposición, quienes responsabilizan al premier italiano del clima de odio que se respira en el país.
Aumenta la temperatura política
Luego de concluir un acto de su partido, el Pueblo de la Libertad, celebrado en la plaza de la Catedral de Milán, Berlusconi se detuvo en la calle a firmar autógrafos, instante en que Massimo Tatraglia le golpeó con una reproducción en miniatura de la basílica milanesa.
El hecho, reseñado por la prensa italiana como parte de la degradación política y del clima de violencia desatado en Italia, aumentó la temperatura de los enfrentamientos verbales entre los seguidores de Berlusconi y los miembros de la oposición en el Parlamento
Antonio Di Pietro, líder de Italia de los Valores, dejó claro que la oposición no odia a Berlusconi, pero por el bien de la nación deben luchar contra las medidas que ofenden la conciencia.
Afirmó que la agresión recibida por el premier no debe servir de excusa para olvidar su "mal Gobierno", ni utilizar al Parlamento para beneficio propio, en referencia a las maniobras legales que apoya el oficialismo con el objetivo de que Berlusconi evada la justicia en los casos pendientes de sentencia por corrupción.
Entretanto los partidarios del mandatario afirmaron que el ataque lo propició el clima de odio creado y estimulado por sectores políticos opositores a Berlusconi, y por algunos medios de prensa escrita y programas de televisión.
La Asociación de la Prensa de Roma, por su parte, expresó su "profunda preocupación por las múltiples señales de intolerancia hacia los órganos de garantía del país, empezando por el periodismo".
La libertad de prensa ha sido caballo en esta crucial batalla, donde también se aviva el debate sobre la seguridad de las personalidades políticas en Italia, tras la agresión sufrida por el Papa Benedicto XVI a menos de dos semanas de la de Berlusconi. El psicólogo David Meghnag, aseveró en el diario LÂ�Stampa que las personas con trastornos psíquicos no van en aumento, pero sí tal vez un riesgo mayor de emulación en las agresiones, sobre todo en una sociedad que pone énfasis en la imagen.
Al respecto la psicoanalista Rosella Candella, realizó una comparación entre los sentimientos que inspiran el jefe de la Iglesia Católica y el publicitado Cavalieri.
"En ambos casos se puede ver una exteriorización muy fuerte del poder, que en personas frágiles puede transformarse al mismo tiempo en amor y odio", opinó.
Según la psicoanalista, para evitar el comportamiento de un Massimo Tartaglia o de una Susanna Maiolo, los respectivos agresores de Berlusconi y el Papa, se necesita "una autoridad más discreta", por lo que el asunto no se trata de un "problema de orden público".
Analistas opinan que el factor compasión generado por las imágenes del mandatario con la cara ensangrentada favorecerán su posición política, justo cuando su popularidad comenzaba a declinar por sus crecientes problemas legales y escándalos sexuales.
Pese a los atinados movimientos de las piezas negras en varias jugadas magistrales del ajedrez político italiano, las blancas reafirmaron que el berlusconismo sigue en pie.
Por ello Giulio Anselmi, presidente de la agencia de noticias Ansa, vaticinó que si Berlusconi no tiene nuevos contratiempos acabará la legislatura, evitando así recibir jaque mate.
Nuria Piqueras Grosso/Prensa Latina