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Primo Levi : un testimonio de resistencia y brillo intelectual
Italianos en América
Buenos Aires 13-4-2007
En estos días se habló mucho del italiano Primo Levi , nacido en Turín en 1919. Es que pasaron 20 años de su muerte, en abril de 1987 . Pero es su vida la que cuenta para hacerlo conocer sobr etodo a aquellos que aún no lo han oido nombrar. Igual que la de otros detenidos en campos de concentración nazi, este ex químico italiano fue un ejemplo de resistencia y sobrevida que dejó plasmado en una vasta obra literaria que sin duda, recomendamos.
Su historia dice que fue detenido en 1943 y su condición de judío le valió el ser deportado a Auschwitz en 1944. Sobrevivió hasta la liberación el 27 de enero de 1945. El resto de su vida la dedicó a dar testimonio del horror en varios libros autobiográficos Si esto es un hombre (1958), La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1986).
Nosotros escogimos fragmentos de "El MAl", que reproducimos a continuación : "Sucumbir es lo más sencillo: basta cumplir órdenes que se reciben, no comer más que la ración, atenerse a la disciplina del trabajo y del campo. La experiencia ha demostrado que, de este modo, sólo excepcionalmente se puede durar más de tres meses. Todos los «musulmanes» que van al gas tienen la misma historia o, mejor dicho, no tienen historia; han seguido por la pendiente hasta el fondo, naturalmente, como los arroyos que van a dar a la mar. Una vez en el campo, debido a su esencial incapacidad, o por desgracia, o por culpa de cualquier incidente trivial, se han visto arrollados antes de haber podido adaptarse; han sido vencidos antes de empezar, no se ponen a aprender alemán y a discernir nada en el infernal enredo de leyes y de prohibiciones, sino cuando su cuerpo es una ruina, y nada podría salvarlos de la selección o de la muerte por agotamiento. Su vida es breve pero su número es desmesurado; son ellos, los Muselmänner , los hundidos, los cimientos del campo, ellos, la masa anónima, continuamente renovada y siempre idéntica, de no hombres que marchan y trabajan en silencio, apagada en ellos la llama divina, demasiado vacíos ya para sufrir verdaderamente. Se duda en llamarlos vivos: se duda en llamar muerte a su muerte, ante la que no temen porque están demasiado cansados para comprenderla.
Son los que pueblan mi memoria con su presencia sin rostro, y si pudiese encerrar a todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen, que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensamiento." ibid , pp. 98-99
Silvia Garnero / Italianos en América
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